Liana Wenner – Nuestro Vinicius en Mar del Plata

Mi encuentro con Liana no resultó fácil. El invierno hizo lo suyo y la medicina dió su veredicto. Estado gripal, fuerte, inaccesible. Y postergaciones infinitas. En su última noche en la ciudad pude observarla a través de la vidriera del lugar donde habíamos consensuado el encuentro. Pocas personas estaban allí. Mientras Marcos observaba, obediente, un partido de fútbol diferido, añejo, ella se distendía. Y yo también.
La historia de NUESTRO VINICIUS (Vinicius de Moraes en el Río de la Plata) se genera en una causa que nos une. Ese mítico disco, grabado en La Fusa, giraba en su tocadiscos al igual que en el mío. Y sin comprender sus letras, sin entender de qué se trataba esa armonía alegre, nos obligaba a repetir la escena, levantar el brazo, acomodar la púa, y otra vez, Vinicius… Expresa Liana en su prólogo: “…allá afuera la belleza y el amor habían desaparecido…” No lo entendíamos, sí lo intuíamos. Esos temas que escuchaba, una y otra vez, me protegían. Y Liana tuvo el buen gesto de volver a protegerme, sin saberlo.
Liana es tranquila, como sus ojos claros. Se expresa con suavidad. Hablamos de Mar del Plata, de la literatura de playa. Hablamos de Pauls y de Forn. De esta revista y de una novela que llegará con el tiempo, seguramente. Liana es periodista cultural y de espectáculos y actualmente se desempeña como emprendedora cultural. Trabajó para diversos medios, como Graffiti (Montevideo), Línea, Así y Gabo. Es traductora de inglés y portugués.

Nuestro Vinicius nos lleva de la mano por el sendero del Poetinha. Nos habla de su primer libro editado en Buenos Aires, a través de Daniel Divinsky, y, a partir de allí, de su llegada a un Buenos Aires espléndido, nocturno, abarcativo. Corrían los primeros años de los ´70, época de nocturnidad, alcohol, genialidad. La noche de Buenos Aires unía a Troilo, a Piazzolla, el teatro, el Luna Park, el café concert, Borges. En ese contexto de efervescencia llega un Vinicius golpeado por haber sido despedido del cuerpo diplomático de Brasil. Y es allí donde comienza a generar su leyenda en estas tierras. Cultiva la amistad de Horacio Ferrer, de Astor Piazzolla, de Horacio Molina, de Mono Villegas, sus libros son best-sellers (palabra que aún no amenazaba a la buena literatura)
Lo que a mí me generó un verdadero placer fue el viaje que Liana nos propone hacia el verano de 1971 cuando Vinicius desembarca junto a Toquinho y Maria Bethania en La Fusa, local que se ubicaba en Rodriguez Peña al 100, en Playa Grande. Allí compartían escenario con Horacio Molina, con Eladia Blasquez, con Antonio Gasalla, con Carlos Perciavalle. También podemos revivir la presencia de Les Luthiers, de Nacha Guevara, de Chico Buarque. En fin, un pasaje del libro de Liana que refleja, con claridad y vasta documentación, una ciudad y una actividad cultural dentro de ella que nos obliga, cuanto menos, a ejercer una nostalgia afectuosa y recurrente.
Vinicius despilfarró coherencia. Coherencia entre su espíritu, su talento poético y su propia vida. Amante de la amistad, del alcohol y de las mujeres. Y de la alegría. Este libro de Liana Wenner nos devuelve un poco de todo eso, y, en cierta forma, nos hace mejores.
Sei lá… a vida tem sempre razão
Tem dias que eu fico pensando na vida
E sinceramente não vejo saída.
Como é, por exemplo, que dá pra entender:
A gente mal nasce, começa a morrer.
Depois da chegada vem sempre a partida,
Porque não há nada sem separação.
Sei lá, sei lá, a vida é uma grande ilusão.
Sei lá, sei lá, só sei que ela está com a razão.
A gente nem sabe que males se apronta.
Fazendo de conta, fingindo esquecer
Que nada renasce antes que se acabe,
E o sol que desponta tem que anoitecer.
De nada adianta ficar-se de fora.
A hora do sim é o descuido do não.
Sei lá, sei lá, só sei que é preciso paixão.
Sei lá, sei lá, a vida tem sempre razão.